La información es poder, arroja
la luz necesaria al devenir de la humanidad. Una herramienta esencial, pues,
que hoy no parece apreciarse demasiado. Y a la vista está que los medios de
comunicación no parecen otorgarle ni la ínfima parte del valor que posee, pues
obvian la responsabilidad que teóricamente tienen, ya que influyen, me atrevo a
decir que de forma determinante, en la formación de la opinión pública. Son los
ojos de cada habitante del mundo, pues permiten observar aquello que ocurre en
cualquier punto de la esfera terrestre. Deberían servir como mediadores para
que las personas pudiesen valorar por sí mismas, para que desarrollasen sus
propios razonamientos acerca de todo aquello que acontece. Y, por el contrario,
intentan persuadir, posicionarlas, en función de los intereses a los que cada
empresa mediática se halle rendida. Se intenta que las personas se conviertan
en títeres, marionetas que no quieran emplear esa capacidad humana tan valiosa,
la razón. Sí, esa cualidad que, como ya bien decían los ilustrados, “irradia
luz que ayuda a disipar las tinieblas de la humanidad”.
Millones de personas no parecen
ser verdaderamente conscientes de la importancia suprema del concepto
INFORMACIÓN.
Vivimos en un siglo repleto de
avances tecnológicos. En la época de la innovación continua, época en la que
“renovarse o morir” se ha convertido en una máxima de vida. Somos la sociedad
de la información, dicen… Pues paradójicamente, vivimos desinformados.
Saturación constante, bombardeo de noticias que no lleva a ningún lado. Pero,
¿información de calidad? No, en absoluto.
A pesar de todo, estoy
completamente segura de que hay personas que, como yo, quieren luchar porque la
información adquiera el papel protagonista que merece en el juego de la vida.
Personas que, también como yo, quieran dedicarse a hacer el mejor periodismo
que esté a su alcance. Y es cierto que a veces nos vemos coartadas para
realizar dicha labor, a veces por lo costoso de alcanzar un buen puesto de
trabajo en un medio en el que se oiga tu voz y, lo que es más triste, en otras
ocasiones el hecho de encontrarse en un medio relevante puede llegar a ser el
enemigo acérrimo del buen periodismo. Quizás el sistema se empeñe en ponernos
trabas para ejercer bien nuestra profesión, no obstante, debemos burlarlo del
modo que nos sea posible. Y ¿por qué no comenzar por ayudarnos de algo hoy tan
usual como un blog?
Así, con este blog lo único que
pretendo es poder expresarme públicamente para que, aquellos que lo deseen,
puedan criticar o estar de acuerdo con
lo que pienso acerca de tantos temas que
pueden abordarse. Plasmaré, cada cierto tiempo, valiéndome de esta herramienta que brinda el poderoso
Internet, aquellos trabajos que considere dignos de ser leídos, siempre desde
mi más humilde postura. Pues realmente lo que deseo es tener un lugar en el
cual pueda ver recopilado algunos de mis “modestos intentos de ser
periodista”. No me sentiré orgullosa por
el número de personas que lean lo que escribo, sino porque aquellas que lo
hagan puedan sentir que mis entradas les aportan algo y, por supuesto, por todo
lo que estas personas podáis ofrecerme a mí, seguramente mucho.
De este modo surge Sunshine,
del inglés amanecer, primera luz del día. Razón, luz primera que ilumina al
mundo… Quizás algunas personas consideren este título demasiado poético para un
blog que pretende ser o, cuanto menos parecer, periodístico. Quizás otras
consideren que los paralelismos y las metáforas hacen atractiva la lectura…
Quizás. Yo me dedicaré a hacer aquello que tanto me gusta, escribir.