Día tres de mayo, fecha que debe
marcarse en el calendario de todo el que se precie a honrarse por el hecho de
ser libres, que no es poco. Día Mundial de la Libertad de Prensa.
Pues precisamente hoy en las
paredes de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla, podían verse colgados carteles
que anunciaban una manifestación frente al Ayuntamiento de Sevilla para,
precisamente en un día como éste, denunciar la precaria situación en la que se
encuentra el Periodismo hoy. “Sin periodistas no hay periodismo y sin Periodismo no hay democracia”, era el mensaje
que se reflejaba en los carteles. ¡Y qué acertado! La importancia del Periodismo
es extrema, pues los que ejercen esta profesión - por cierto todo un privilegio
con la que está cayendo en nuestros días- influyen en la opinión pública
siempre, aunque alguna vez pensemos que no. Siempre lo hacen, pues, tanto a
través de contenidos informativos como de entretenimiento, ofrecen modelos de
vida, estereotipos, reflejan las costumbres que imperan, o más bien que se
elige que deben imperar en una sociedad…En definitiva, la comunicación es algo
infinitamente valioso y, claro está, imprescindible para el consenso. Pues no
olvidemos que comunicar significa “poner en común”. Y es que mediante la
comunicación se establece un proceso de retroalimentación, un enriquecimiento
mutuo entre dos partes, emisor y receptor.
Así, aquellas personas que, al
igual que yo, se llenen de entusiasmos contando historias, intentando que con
ellas se ponga un granito de arena para mejorar el mundo un poco más cada día,
que se satisfagan con un trabajo bien hecho, que sientan verdadero entusiasmo
con el hecho de poder escribir y hacer que sus escritos, por pocas personas que
los lean, puedan ser de utilidad a alguien; todas esas personas que son
verdaderamente conscientes del poder de la comunicación en la sociedad actual
deben dar las gracias a ese Derecho, que hoy destaca en el calendario a nivel
mundial, la Libertad de Prensa. Y
debemos valorarla y no asumir simplemente la facilidad de la que disfrutamos en
estos momentos a la hora de expresarnos públicamente, por pocas personas que
nos lean, vean u oigan. No abusemos del hecho de ser libres dañando la dignidad
de muchas personas con lo que contemos, ni tampoco invadamos su intimidad; no
nos excedamos si aquello que expresemos es algo demasiado profundo y serio sin
contrastar fuentes; no pretendamos dar ese toque de sensacionalismo a toda
costa, sin tener en cuenta que las historias que contamos tienen como
protagonistas a sujetos de derecho… Y podría seguir haciendo recomendaciones
que, desde mi simple posición de estudiante de periodismo creo tener claras.
Hagamos un Periodismo Diligente y
sepamos dar valor a la gran cantidad de canales a través de los cuales hoy cualquiera
puede alzar su voz. Pues precisamente el hecho de que todo el mundo, sea de la
condición que sea, pueda acceder tan fácilmente a medios tales como blogs,
redes sociales, páginas webs y un largo etécetera, entraña bastantes riesgos.
Hace que la información u opiniones que se ofrecen puedan verse adulteradas, no
teniendo fundamento alguno y afectando, pues, de modo muy negativo, en todas y
cada una de esas personas que actualmente se encuentran saturadas por la gran
cantidad de mensajes, muchos sin ningún sentido.
Lo más importante es saber que,
como ya dijo Santo Tomás de Aquino, “mi libertad termina donde empieza la de
los demás”. No obstante, “hay que elegir entre descansar y ser libres”, tal y
como señaló Tucídides. Ese ser libres implica mucho trabajo, pues lo fácil no
siempre es lo correcto, es más lo difícil suele ser lo verdaderamente
importante, pero merece la pena luchar por ello. Yo elijo ser libre, aunque
ello implique descansar poco. ¿Y tú?
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